LAS MUJERES ETÉREAS DE MICHEL ACOSTA PÉREZ: MÁS QUE LINEAS
Y digo: / El secreto está en el largo de mis brazos, / en el ancho de mis caderas, /en la cadencia de mi andar, /en la curva de mis labios. (…) Es el fuego de mis ojos, / y el brillo de mis dientes, el vaivén de mi cadera, / y el júbilo en mis pies. / (…) Está en el arco de mi espalda, / el sol de mi sonrisa, /el ritmo de mis pechos, / la gracia de mi estilo. (…) Está en el chasquido de mis talones, / las ondas de mi cabello, / la palma de mi mano, / la necesidad de mi cariño, /porque soy una mujer /fenomenalmente. / Mujer fenomenal, /ésa soy yo.
Maya Angelou, Mujer fenomenal
Si hacemos el ejercicio de imaginarnos la apariencia de “Mujer fenomenal” de Maya Angelou, siguiendo la descripción que hace de ella misma, seguramente caemos en la tentación de seguir los cánones de belleza física que muestro entorno social ha construido. Estos están en nuestros imaginarios y deseos colocados, al parecer, de manera visceral. A todas estas construcciones sociales, y especialmente a los hábitos y estrategias de consumo de la contemporaneidad, sobre todo desde los campos de la visualidad, nos remite la obra del artista cubano radicado en Europa, Michel Acosta Pérez.
Mujeres voluptuosas, hermosas y sensuales protagonizan su serie Only Lines; mujeres que como describe la poeta norteamericana, se corresponden con un ideal de belleza femenina que inevitablemente entra en juego con la seducción. Cada cuerpo es su propio templo, su resguardo y su arma de provocación. Cada identidad se define en su singularidad, cada secreto, en la especificidad de lo intangible que el artista intenta atrapar entre gestos, líneas y detalles resaltados.
Esta serie, Acosta Pérez la ha trabajado en paralelo a muchas otras, donde prefiere el uso del color, el collage y otras técnicas. En Only Lines acude a un lenguaje visual minimalista que, desde el dibujo, sintetiza lo esencial para realizar una amplia galería de retratos femeninos. En ellos el contorno sustituye a la materia: utiliza líneas definitorias, casi de filigrana, para perfilar cuerpos femeninos que se insinúan sin necesidad de volumetría ni ornamento; cada línea delimita curvas, posturas y fragmentos con precisión quirúrgica. El trazo nunca es pesado; es elegante, seguro, a veces delicado, otras veces audaz. Pero donde podría existir neutralidad, el artista exalta detalles que la cultura contemporánea ha transformado en signos inequívocos de sensualidad: labios delineados con énfasis, uñas largas, perfiles de caderas, accesorios brillantes.
En estas piezas, el color aparece de forma puntual, y cuando lo hace es estridente, plano, contrastante, en un reclamo visual inmediato. Los blancos y espacios vacíos también forman parte de las composiciones: aquello que no dibuja también cuenta, invita al espectador a completar, imaginar. Con gran soltura las imágenes se regodean entre lo figurativo y lo sugestivo, por lo que comportan de deseo, erotismo y moda, permitiendo un diálogo diáfano con lo que el imaginario popular, mediático y comercial, ha erotizado y fetichizado.
Only Lines nos coloca frente a lo que el consumo ha transformado en erótico, aquello que socialmente se ha codificado como deseable y que la publicidad y las redes sociales han exacerbado. Es ahí donde Michel Acosta coloca su propia tensión, su propio secreto como creador devoto de los encantos femeninos, y la vez, espectador activo y crítico de nuestro contexto.
Only Lines, entonces, no son solo líneas, no es solo un ejercicio de regodeo formal, ni siquiera solo la reiteración de un canon como estrategia visual pop. Hay en esta serie una ambigüedad inquietante; un juego de poder que reclama al espectador: la figura femenina parece consciente de su mirada, una mirada que no es pasiva; parece segura de sus “secretos”, esos que la definen y la arman ante la mirada de una sociedad que la escudriña, la desea o la emplaza; esos “secretos” que la hacen sentir y “decir” quién es, “una mujer fenomenal”, por y más allá de su apariencia. Es en esta autoconciencia —explícita en la postura, en la línea firme, en la selección de qué se revela y qué se sugiere— donde la obra interpela.
Y es en este punto, donde se ancla la estrategia artística de Michel Acosta. Desde imágenes aparentemente complacientes, de fácil acceso, se nos conduce a la duda, al desconcierto, al diálogo necesario con el entorno y con nosotros mismos, a nuestras dudas, nuestras tentaciones, nuestros pecados no confesos. ¿Qué es sensualidad propia y qué es sensualidad aprendida? ¿Cuánto hay de celebración y cuánto de fetiche?
La obra nos invita a mirar, a desear, a cuestionar qué estamos deseando, por qué y por quién, cuáles son los resortes del artificio cultural. La línea no solo dibuja un cuerpo: revela los códigos con los que el consumo moldea el deseo, seduce mientras incomoda, atrae mientras desnuda el artificio. Pero también nos recuerda que somos tremendamente humanos, carnales e imperfectos, manipulables y manipulados, seres sociales, y seres sexuales y reactivos sensorialmente. Michel Acosta se permite crear en ese territorio de reacción entre cuerpo, eros, ego, subconsciente y razón, en ese espacio infinito de indagación que en tanto individuo le devuelve la misma pregunta hecha por Oliverio Girondo: “Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
Onedys Calvo Noya
Comisaria
Sevilla 2025
