La ciudad de Sándor
Por Onedys Calvo Noya. Publicado en noviembre de 2007. www.opushabana.cu
Tarea (2007). Carboncillo sobre lienzo (110 x 175 cm).
La ciudad superpoblada que asciende y se hunde, se levanta y sumerge en cíclico y agónico espiral, la ciudad tenebrosa desgastada, la urbe que encierra y sugestiona, perturba y agobia, que se retuerce y te domina…
La ciudad callada, expectante y desplomada después de un arduo bullicio…
La ciudad que nos acoge en su abigarramiento, la ciudad dormida, despierta, lacerada o aguerrida, pero a pesar del tiempo y los agravios, Viva.
La ciudad, causa y efecto del individuo.
Es esa la ciudad de Sándor González, la sugerida desde el trazo simple y enérgico de su carboncillo o sanguina como mejor metáfora de la dialéctica de la vida, como modo más idóneo para ilustrar las relaciones de dependencia mutua, la crisis existencial contemporánea, los procesos de interminable retroalimentación, las emergencias de nuevas fases en los periodos de evolución ante las degradaciones y esperas, las producciones ascendentes y necesidades encubiertas, los estancos prolongados y las precariedades insolutas…
La ciudad de Sándor es una ciudad abstracta, como escasos y enmascarados referentes contextuales, que cuando se asoman incluso, lo hacen como un ínter texto. Su estética no es preciosista ni su lenguaje es académico en el sentido más ortodoxo, tampoco es colorido su trabajo. La gestualidad presurosa de la dinámica urbana se expresa espontánea y simbólica a través del dibujo. Sus ciudades no convidan a la contemplación, incitan a la conmoción.
Trabajo de control (2007). Carboncillo sobre lienzo (200 x 285 cm)
En esta propuesta, el ritmo cronometrado de la urbe y sus imperativos de eficiencia y agudeza, se reflejan en el propio proceso creativo. Trabajar directamente sobre el lienzo sin imprimar le confiere a estas piezas el sentido de lo inmediato y lo irreversible, a la vez que revela los vericuetos del ejercicio del arte: la autenticidad del primer gesto, la práctica de lo repetido, el estudio de lo que puede ser corregido…
Y en el ejercicio del pintor que repite su ciclo mientras adiestra su oficio, aparecen motivaciones e incidencias que, de manera subyacente, develan al ciudadano que espera una nueva jornada, acaso una ciudad y una circunstancia renovada.
(Palabras al catálogo de la exposición «Ejercicios» del artista Sándor González Vilar, que el 30 de abril de 2007, quedó inaugurada en la galería de arte de la Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena).
