La ciudad como expresión de la psicología del individuo

La ciudad como expresión de la sicología del individuo: dos proyectos curatoriales que revisan el tema en el arte cubano contemporáneo

Perderse en la ciudad es como perderse en un bosque. Las ciudades también son lugares inventados por la voluntad y el deseo, por la escritura, por la multitud desconocida. Son vastos depósitos de historia que pueden ser leídos como un libro si se cuenta con un código apropiado; son como sueños colectivos cuyo contenido latente se puede descifrar.

Walter Benjamin. Libro de los Pasajes. 

 

Por Onedys Calvo y Yainet Rodríguez

La ciudad como pretexto para la creación artística y la relación del individuo con ella, en tanto cada uno es causa y consecuencia del otro, es un tema vasto en el arte, y en particular, en el arte cubano más contemporáneo. La precariedad y la emergencia, la crisis de valores, y más, son cuestiones que han marcado el devenir de Cuba en las últimas décadas por las concebidas implicaciones que en la vida nacional se ha tenido desde el derrumbe del Campo socialista. El individuo y su contexto dan señales constantes y elocuentes de cuánto hemos mutado.

  • Ardid de los inocentes

El Ardid de los inocentes (Factoría Habana,  mayo 2013,) y Cuál es tu necesidad? (Estudio Arsenal, mayo 2015), son dos proyectos curatoriales que, con vocación sociológica, han revisado algunos de estos temas a nivel psicológico y visual, recorriendo diferentes instancias del entorno: el urbano, el íntimo y el psicológico.

En El ardid de los inocentes, en tanto exploración desde el campo artístico, no se trata de culpables, aunque también; ni de un buen intencionado decisor y cabal cuya obra se malogró, ni de un responsable universal o común, aunque también; tampoco de concientizar sobre el poquito de responsabilidad que le toca a cada uno, aunque también. Ni siquiera se trata de malintencionadas construcciones sociales, ni de frustradas pretensiones humanistas, aunque también. Ni de eludir compromisos, ni de buscar subterfugios, aunque pudiera ser. Digamos con tono casto, que esta exposición, en primera instancia, se refiere al contexto urbano y su fisonomía. 

La tesis curatorial se centra en reflexionar sobre el contexto urbano a partir de señalar la subversión como concepto que sucesivamente han ido in crescendo en múltiples aristas de nuestra praxis social. Estos cambios de signo se han dado tanto a nivel simbólico como de uso y son el fruto de prácticas que, enfrentadas a una categoría de lo emergente constante y progresivo,  han incidido tanto en el ambiente físico como en el socio-psicológico de la ciudad. 

Los convocados son creadores que se destacan por una proyección social del arte, artistas de una visión crítica y comprometida que han concurrido a la muestra con obras inéditas o poco conocidas. Cada una de las piezas presentes en El ardid de los inocentes, parten de una primicia documental y cada una va tomando diferentes matices estéticos y metafóricos para abordar aspectos como la ruralización creciente de la ciudad, el remiendo como práctica emergente y reiterada, el (auto)masoquismo asumido, la subversión de usos, el cambio de signo, la inconsistencia del tiempo, la imperturbabilidad de la nada, la superposición de paradojas, las conexiones entre lo particular y lo cósmico, la acción individual a escala urbana…  Desde una apreciación estética, el propio espacio físico de la ciudad devela claves que trascienden la posible noción de lo bello para indagar, sobre todo, en la estrecha relación del individuo y su contexto, y deja ver diferentes instancias de vulnerabilidad de la Cuba de hoy.

Celia y Yunior presentan Colonias Epífitas, una investigación que han registrado en una agenda personal y que se visualiza mediante las imágenes escaneadas de las páginas de la misma. En ellas recogen información sobre una serie de casas distinguidas en la ciudad, y analogan sus cambios de usos con el funcionamiento  de  las  plantas epífitas, las cuales crecen adheridas a los troncos y ramas de árboles, aunque adquieren sus nutrientes del ambiente sin tomarlos de su hospedero.

En la serie Cubiertas de deseos, la artista Grethell Rasúa recoge imágenes que ha realizado por 5 años, y que testimonian una práctica que se ha hecho habitual en el ámbito arquitectónico: el remiendo. A esta alternativa se recurre constantemente para dar soluciones a cuestiones que están listas para ser reemplazadas. 

La instalación con luces y sonido Si aprovecháramos la creciente ruralidad de esta ciudad; y utilizáramos el modelo “finca en abandono” como un paso intermedio, pudiéramos aspirar a vivir en  2019, en la séptima reserva de la biosfera del país, de Luis Gárciga, también es el resultado de su estudio sobre la ruralización que ha ido padeciendo la ciudad; el video Hipnosis, de Marianela Orozco se detiene en cómo un personaje urbano, representante de un sector etario y un contexto específico, ocupa su tiempo, en un aparente estado de inmutable indolencia; y también sobre el tiempo reflexiona la serie de instantáneas Developer, de Ricardo Miguel Hernández, en la cual registra la imagen de varias gasolineras de la ciudad, también con un tono de estático.

El sueño de las tilapias, de Renier Quer, es una metáfora sobre cuestiones existenciales contadas a través de una especie de historieta en la pared que tienen como escenario la jaula del oso en el zoológico (aunque lo que se divisa es el estanque llenos de tilapias); y el video Tótem de Nestor Siré, narra la historia del tanque de agua de un pueblo, cuyo uso definitivo ha estado muy alejado de las expectativas de sus pobladores: de abastecer de agua a ser antena de celular.

Tanto el título de las obras, como el de la propia muestra, delatan la vocación de los artistas por referirse más que a lo físico a las actitudes, y dejan leer intertextualmente cierto sentido paradójico, el cual, en tanto ardid recurrente de nuestra sociedad, se maneja tanto como estrategia  como subtema. De ahí se ancla la necesidad de que las obras planteen su discurso con claridad, haciendo fácil su lectura primigenia, pero sin renunciar al juego de intersticios en consonancia con el juego de apariencias  relativas a la inocencia o a las consecuencias de actos en primera instancia inocentes. 

La exposición, que recorre diferentes pretextos discursivos y se soporta en procedimientos como la fotografía, el video, la instalación, el mapeo, el sonido, la historieta, y alternativas en tránsito entre todas estas expresiones, insiste en aludir a Ítalo Calvino cuando aseveraba: “de una ciudad no disfrutas sus  7 ó 77 maravillas, sino las respuestas que da a una pregunta tuya”. Las obras convocadas no solo remiten a determinadas maravillas construidas (aunque sí se pudieran interpretar determinadas cuestiones maravillosas), sino que se distinguen por ofrecer muchas respuestas, detectar puntos de conflictos y hacerlos locuaces. Un ardid que se ha trazado con apariencia inocente para referirse a lo urbano, pero con toda intención para mirar, y ver,  más allá. 

  • Cuál es tu necesidad?

Dos años más tarde, la estrecha relación de sujeto con su entorno, ese espacio que es reflejo de su ser, que lo traduce y que también lo condiciona, motiva un segundo acercamiento curatorial: Cuál es tu necesidad?,  muestra colateral a la duodécima Bienal de La Habana. Una de las intenciones de la curaduría en esta ocasión, fue trasladarse a un escenario extra-galerístico, donde las obras dialogaran con un ambiente más natural, cotidiano y coherente con sus pretextos discursivos. El espacio oportuno fue una parte del Estudio Arsenal, de la artista Sandra Pérez, sita en la calle Cárdenas, en uno de los barrios más álgidos de necesidades de todo tipo en La Habana Vieja, en el cual se propició  una dialógica interrelación entre el proyecto expositivo y ese contexto en apariencia tan ajeno al arte.

Instalada en un apartamento de heredado color salmón en las paredes, con sus mamparas, su barbacoa y su acento de intimidad desplazada, la muestra tuvo un impacto notable no solo por la variedad de morfologías estéticas,  sino por la manera en que los creadores trasladan desde la cotidianidad al arte las tensiones surgidas en el seno social. Aunque el panorama hoy parece ser más alentador, permanecen las irresoluciones y las grises certezas sobre el mañana. La persistencia de la necesidad no solo ha conllevado a soluciones creativas para subvertirla, o para sobreponerse al desmadre, sino que también ha posibilitado organizar esa experiencia y transmitirla. El intercambio y la negociación de los autores desde su acción individual con los conflictos de la sociedad de hoy es el nervio que estimula la realización de obras que abordan los problemas de modo visceral, a veces desde la metáfora; otras frontal.

Nestor Siré explora la visualidad urbana otorgada por  lo carteles de Se vende o se permuta esta casa, que desde hace más de un año se exhiben en tantísimas puertas tanto de La Habana, como en Camagüey. La instalación, compuesta por los carteles emergentes que intercambió por otros realizados por el plásticamente más decorosos, se acompaña  por la documentación del intercambio y el proceso de indagación sobre el motivo del cambio: por qué permutan o venden y para dónde se quieren ir? Lidzie Alvisa recorre tres espacios reales y posibles para el emplazamiento de sus rodapiés: los tres diagramando tres estados desde la pulcritud hasta la más cruda contingencia; Ricardo Miguel Hernández, nos revela las dinámicas semiocultas de su edificio desde la postura del voyeur. En Cuba, las vacaciones y el chisme constituyen un remedio eficaz para devolverte productivo y feliz a un contexto hostil. El artista se zambulló dentro de esta práctica durante meses, en un período de nulidad creativa que devino un material para el arte, representativo de un modus operandi de la vida cotidiana.  L a investigación de Rigoberto Díaz expuesta de modo más tradicional  en un cuaderno de notas, se centró en el destino actual y los recuerdos de los que habitaban el edificio de la Nueva Isla, actualmente inhabitable. 

Adrian Melis, con refinada ironía convoca a la simulación en el video de una fábrica abandonada en la cual los trabajadores imitan con sus voces el sonido de la maquinarias: así propone producir, ocupar el tiempo, darle sentido a lo abandonado, a lo estático, estrategia a través de la cual nos introduce en una realidad utópica de producción que funciona de manera intensiva y coordinada, solapando la estructura económica del país.

Conscientes de los absurdos y de las carencias –económicas, culturales y sociales- que pese a su mella en el carácter no han logrado derrumbarnos, Plastic Guajiras y Adonis Ferro introducen un espacio de protesta metafórica, de ese sentir de ahogo y hastío, de fragilidades y escaseces. Las primeras aluden a la persistencia del agobio a partir de la reproducción a gran escala del interior de una cisterna en perpetuo goteo; el segundo nos remite al hacinamiento y la voluntad de resolver desde la práctica doméstica que suponen sus colchones enrollados; Alicia Alvisa nos convida a colocarnos en la posición del vagabundo que desde su ángulo de contrapicado puede percibir una dimensión otra de la ciudad, bien alejada de su realidad más cercana y concreta.

 Con vocación de arquitecto Donis Lago sintetiza con exacta proyección documental, articulando la fotografía y la maquetación,  las transformaciones históricas de la casa de vivienda más antigua de la ciudad; mientras que Yonlay Cabrera reproduce en una pared interior de la galería esos huecos que aparecen por la ciudad en cualquier fachada sin que sepa su origen ni posible función, acaso irresponsabilidad o desidia, pero siguen ahí, bajo el ojo colectivo y (a)crítico de la sociedad.  Jennys Brito recrea en una maqueta la conversión de una piscina en apartamento. Por su parte, impresos en papel para llevar, están a la disposición de todos el mapa diseñado por Celia y Yunior con el recorrido por esas casas otrora de la burguesía que conforman su pieza Colonias epífitas. Un apartado más existencial lo propician Sandra Pérez, quien  protagoniza su propio video, en el que nos remite  a los orígenes de la violencia desde la representación de la incesante y muchas veces innecesaria batalla del día a día, y Reinier Nande, con su videoinstalación, en la cual se refiere a la consabida culpa, que desde Poncio Pilato recae en terreno de responsabilidad inexacto. Es esta una pieza polisémica, en la que mínimo son evidente dos lecturas: una primera asociada a la deliberada renuncia de la capacidad de determinación; una segunda que implica mantenerse al margen de las situaciones como un método terapéutico de alejar los conflictos, una actitud imparcial que favorece el sustento de ciertas condiciones.

En la planta baja del estudio Arsenal todas estas piezas entretejieron una museografía casi barroca, ecléctica y connotativamente, por veces, apabullante. Sus creadores han utilizado fórmulas muy autónomas para hablar del contexto, y sin narraciones ni obviedades discursar sobre necesidades, que al margen de estar concentradas en nuestras emergencias, las trascienden  con peculiar  proyección la voluntad de hablar más del individuo que de su contexto.

 

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