III Bienal de las Artes y la Salud Mental

III Bienal de las Artes y la Salud Mental: riesgos y certezas

Por Onedys Calvo Noya. 6 de Abril de 2005. Publicado en Habana Patrimonial

 

Con vocación quijotesca en el 2001 irrumpió en la dinámica artística de La Habana la Bienal de las Artes Plásticas y la Salud Mental. Abrir nuevos espacios de inclusión y confluencias a partir del diálogo entre el arte y la salud ha sido su propósito fundamental. El mayor reto para el colectivo liderado por el Dr. MsC. Raúl Gil, adiestrado en la operatividad científica, fue sumergirse en el para ellos, desconocido, y para todos, complejo mundo de la creación artística.

Estrategias y modos de concretar los sueños aparecieron con mayor o menor acierto sobre la marcha. La capacidad de persuasión que se genera desde un centro siquiátrico; y la voluntad de concretar racionalidad en lo que se diagnostica ¿posible síntoma de desestabilidad mental o locura?, fueron herramientas infalibles en la nueva conquista, en la que pronto el Centro Histórico quedó involucrado.

Ya en esta tercera edición la Bienal ha logrado insertarse en las dinámicas expositivas de diferentes instituciones de la capital cubana, ha expandido sus objetivos y su convocatoria; y ha ganado en organización y coherencia. Ahora se nos presenta como Bienal de las Artes y la Salud Mental, pues ha dejado de circunscribirse a la plástica para sumar varias manifestaciones del arte y numerosos proyectos comunitarios.

Grabados, pinturas, esculturas, dibujos, instalaciones, fotografía y cerámica, trabajos de las artes aplicadas, teatro callejero, talleres de modelaje y muestras de cine esta vez discursan en torno a un tema: Infancia y juventud por un mundo de paz. Este condicionamiento temático ha permitido una unidad conceptual en el abarcador encuentro que integra el discurso de artistas de diferentes generaciones y formaciones tanto en las exposiciones colectivas, como en las personales.

Así los creadores no sólo acuden a la cita motivados por la perspectiva humanitaria que los convoca a llamar la atención sobre proyectos que se preocupan por la integridad mental de las personas, sino que se les precisa a indagar en temas afines con los propósitos que promueven centros comunitarios como el del municipio habanero de Regla. En este punto la Bienal ha corrido un riesgo que se ha hecho notar. El entusiasmo y la libertad con la que cada artista o proyecto se ha sumado, ha limitado el impacto de un evento con potencial suficiente para presentarse más profundo, indagativo y elocuente desde el punto de vista curatorial.

Y como contraparte en la confluencia tenemos la riqueza, en algunos casos sorprendente, que aportan los resultados de los proyectos de arteterapia, y otros trabajos realizados por pacientes que acuden a la creación para canalizar sus estados de ánimo o sus ansias comunicativas con resultantes que desbordan el interés científico para ofrecer obras de estimables valores estéticos.

Al filo de esta edición la Bienal ha logrado probar la validez de su existencia como espacio generador de nuevas expresiones y fórmulas para sanar desde y por el arte. La aventura se ha ido desdibujando, para perfilarse como un camino, que aún con incertidumbres y riesgos, se traza consciente y se transita con más confianza.

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