A la altura de estos tiempos

A la altura de estos tiempos. Orlando Montalván.

Por Onedys Calvo Noya. 25 de Noviembre de 2009

 

Es ciertamente complejo alzarse a la altura de estos tiempos. En ocasiones sabemos exactamente hasta dónde debemos llegar aunque no tengamos más certezas que la de la necesidad de estar a esa medida; otras veces son las propias circunstancias las que nos conducen de manera inconciente a alcanzar la estatura que ellas exigen; y otras, perdemos totalmente la noción de los límites y las escalas. Solo cuando ocurre lo que no tiene retroceso, estamos en posición de ver cuán lejos o cerca estábamos en aquel tiempo, desde los valores del presente. A tan controvertida cuestión de la existencia nos remite el más reciente trabajo de Orlando Montalván.

 

Como parte del proyecto para promover el grabado joven cubano, el Espacio Ayón, por iniciativa de Katia Ayón «Estate de Belkys Ayón» y de Cristina Vives «curadora general de la muestra antológica», presentó en el Convento de San Francisco de Asís el trabajo de seis grabadores jóvenes, bajo la tutela curatorial de Cristina Figueroa.A la invitación, Montalván acudió con una pieza que da continuidad a un trabajo desarrollado desde sus primeros pasos en el arte, mediante el cual indaga en el valor simbólico del objeto, lo coloca como centro de su atención y lo redimensiona tanto al convertirlo en protagonista de su discurso, como al alterar su escala en relación con la presencia humana cuando decide incluirla explícitamente en la obra.Ahora, más osado, el objeto de elección ha sido una monumental grúa KATO, un artefacto de trabajo a gran escala, asociado a la edificación, signo de ascenso físico y metáfora de fuerza y crecimiento, que dirige elocuentes e irónicos guiños hacia nuestro contexto. Redondea sus intenciones la sugerencia del título: A la altura de estos tiempos, eslogan de Cubiza (empresa encargada de alquilar este tipo de equipamiento en nuestro país), que, además, se ajusta perfectamente a las intenciones discursivas de corte existencialista y de incidencia concreta en el entramado social que pretende el artista.De un cuidado dominio técnico, la pieza se hace representativa de las posturas que hacia el grabado asumen muchos creadores jóvenes, a quienes este tipo de expresión les continúa siendo operativa. Según el propio autor, una de las asociaciones posibles de la grúa como elemento que levanta, está dirigida a la necesidad de empujar y nuevamente alzar la gráfica, que, sin renunciar a los enormes esfuerzos que exige la ejecución de cualquier obra, necesita recolocarse en los circuitos de recepción. El formato de la pieza y su emplazamiento en el espacio cerrado de la galería, cuyo techo limita la posibilidad de ascensión del brazo, limitándolo y redireccionándolo, la hacen colindar entre la instalación, el grabado y la escultura. Cierta fidelidad representativa, lograda a través de los efectos de la xilografía «cuidadosamente trabajada con la gubia, recortada y ensamblada», y de la pintura en amarillo y negro, enfatiza el interés del artista por el regodeo hedonista en el objeto de la representación, para de esa manera remitirnos más directamente a la realidad que supone, tanto en su sentido metafórico como en el concreto, estar a la altura de estos tiempos.

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