sarabia On Cuba (1)

Instancias del límite

Por Onedys Calvo

Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. / Y vio Dios que la luz era buena, y separó Dios la luz de las tinieblas. Génesis 1:3-4

 

Interesado en lo existencial, en lo trascendental, en lo esencial… el trabajo de Alfredo Sarabia (hijo), (La Habana, 1986) se destaca en el contexto visual cubano por abordar, desde la fotografía, el punto de encuentro entre las oposiciones polares binarias, propuesta por la antropología estructuralista de Lévi-Strauss. 

Esta expresión artística ha fluido en su quehacer de manera orgánica. Primero le llega por los genes, aquellos heredados de su padre, Alfredo Sarabia Domínguez, el mismo que lo hiciera trascender en una imagen ya icónica en la fotografía cubana, cuando apenas tenía 2 años de edad en el muro de malecón. No obstante Sarabia (hijo) estudia en la Academia de Bellas artes de San Alejandro pintura. Entonces la fotografía era para él una herramienta para documentar o completar su trabajo plástico más amplio. Después cursa estudios en el Instituto Superior de Arte (ISA). Fue alumno, entre otros, de Gonzo González, Félix Arencibia y Juan Carlos Alom… hasta que este medio devino fin. Actualmente, además de ser identificado como fotógrafo y ser considerado su trabajo entre los más peculiares de manifestación en la Isla, también imparte clases de en el ISA.

Pero lo más coherente está precisamente en que siguiendo su instinto conceptual, esta expresión artística que capta miméticamente el entorno y que lo documenta con carácter testimonial, con sus componentes de veracidad y confiabilidad, le resultan a Sarabia la operatoria idónea para exponer esos fragmentos de la realidad que prefiguran una línea, ya física o metafórica, entre lo trivial y lo extraordinario, entre lo real y lo supraterreno.

 Desde el punto de vista de vista semiótico el límite este es muy evidente en los encuadres del artista, y desde el punto de vista semántico, conllevan una profundidad conceptual soportada en el estudio de las diferentes categorías cognitivas asociadas a la existencia. De ahí que en su obra se recurra con frecuencia a citas bíblicas, sobre todo por el carácter trascendental que estas pautan para la existencia humana.

En este sentido es notorio su Ensayo sobre la Parábola del buen sembrador, para el cual enfoca a varios de los centenares de bustos de Nuestro Héroe Nacional a los largo de la Isla. A nivel iconográfico algunas imágenes aisladas resultan tan triviales como común puede ser el encuentro con la semilla diseminada que significan los bustos de Martí. Pero fotografiar esta representación del Apóstol en escuelas, centros de trabajos, parques y hasta en sitios inesperados, evidencia una voluntad hegemónica por rendir homenaje al más reconocido cubano, por subrayarlo como icono de identidad, por sembrar sus ideas, su ejemplo, su ética. A veces está colocado sin sentido, pero siempre con la esperanza de que el insólito terreno pueda producir frutos. El valor de la pieza radica en la pauta teleológica del artista de encontrar y proponer la metáfora adecuada para la profundidad de esta intención, de lo que el icono significa, de lo que implica su multiplicación; en el sentido humanista que plantea el recorrido con afán bíblico y esencialista.

Otra pieza inspirada en un paisaje bíblico es Así, usaron ladrillos en lugar de piedras (2012), con la cual, en tono de parábola, trae el reconocimiento de la diversidad desde la Torre de Babel, en una instalación compuesta por fotos diversas, cada una con la medida de un ladrillo y en la cual ninguna imagen se repite. De ese mosaico reconstruye posibilidades formales según el libre albedrío. 

 En la serie Lo sé, pero no puedo decirlo, puedo decirlo, pero no sé cómo (2006), el fotógrafo enfoca su lente en los muros del camposanto de Colón, en la capital cubana. Y ese fragmento de la realidad divide el espacio físico entre la Metrópolis y la Necrópolis, en una calle Zapata cinética, marcada por la velocidad y el movimiento, que cohabita con un espacio aparentemente inamovible. Pero esta línea también se traza entre lo efímero y lo perpetuo, lo inmediato y lo eterno. En cada pieza son muy evidentes la diferencias entre ambos lados del muro, el cual se visualiza con fuerza y concluye por convertirse ya no en perímetro, sino en el testigo protagonista de entrecruzamientos y paradojas, pasajes fantasmagóricos, paralelismos y anacronismos entre uno y otro lado. Y no precisamente cada noción está en el lugar que debiera tocarle entre la vida y la muerte. 

Hay otra línea que no podía ser ignorada por el artista: la del Horizonte (2011). Explícita formalmente en cada imagen, es distintivo el carácter teleológico de la serie que evoca, desde la diversidad visual y poética, un límite tanto físico como filosófico. El artista, con absoluta intención, refiere ese espacio idealizado que cada cual se ha trazado como propósito desde los múltiples confines que ha detectado a su paso.

Si bien es frecuente que Sarabia acuda a lo ensayístico, en muchas de sus series, como Horizonte o Esperanza (2007), una sola imagen enfoca locuazmente la tensión a graficar. En Esperanza, lo importante no es la anécdota, ni siquiera lo circunstancial. Son imágenes donde se perpetúa la inmanencia del tiempo, donde lo estático anula la traslación, sin embargo, hacen más seductora la emergencia del traslado hacia otro tiempo y otro espacio. Son éstas obras de fuerza y seducción visual en la que en lo formal la dirección, al parecer hacia el infinito, lo imponen las líneas férreas. Parte importante de la tensión en cada pieza la comporta el juego lineal que conforman la pesada solidez de los raíles, en contraste con la secuencia de las perpendiculares que lo acompañan o con las sinuosidades del paisaje, siempre en una atmósfera sepia o gris, donde la presencia humana, si acaso, es espectral. Éstas parecen instantáneas rescatadas de un tiempo pasado, y eventualmente de un no lugar: “todos coincidimos por breve tiempo, luego nos absorbe la eternidad” Tiene sus acentos fantasmagóricos y surreales, aunque son fotos que documentan espacios y escenas de la contemporaneidad.  

Colindante con este trabajo en tanto se emplaza en zonas ferroviarias, y devuelve atmósferas parecidas, de abandono, espera y desolación, es el que realizó en el poblado de Hersey, Pueblo modelo (2013); donde se incluye el estudio El olvido vendrá a tocar tu puerta. En este trabajo se visualiza otro de los procedimientos del autor, en el cual ubica determinados elementos anacrónicos en circunstancias que evocan lo insólito. En este caso coloca coches para bebé que acechan o deambulan en las afueras de estos lugares rurales, apartados, novelescos, en escenas oníricas, cercanas al terror.  Esta inserción multiplica los sentidos y las posibles lecturas; subvierte la esperanza en amenaza, lo real en absurdo. Y toda esta vorágine desde la tensión de lo que no se ve: el ser humano está ausente de la imagen, pero el acecho tiene que ver absolutamente con él, no con lo inanimado que ha diseñado o construido.  

Constantemente en su trabajo, y de maneras distintas, Sarabia logra trascender la anécdota y tentar el sentido de lo racional.  Otro trabajo que es bastante conocido y que logra con el mismo proceder es Sustitutos (2013). Aquí la metonimia se hace más aguda: el medio, la cámara fotográfica con trípode, herramienta que enfoca y testimonia, personifica la función del sujeto que la utiliza. En estas piezas, con una resultante visual bien diferenciada – pues en primera instancia el contexto es urbano, y es un artefacto, una máquina, la que potencia el discurso-, también se repite el ambiente de rareza, sospecha, espionaje, distorsión… Nuestro fotógrafo busca protagonistas otros, acaso anónimos, desde un aparataje que en definitiva redunda en lo común que resulta hoy la fotografía y las funciones y potencialidades que la enmarcan: es una entelequia, una heterotopía. Y por supuesto, también se refiere a esa relación especial que con ellas tenemos.

Otros ensayos cuentan en su haber, siempre interesado en los signos y símbolos. ¿Quién es ?  (2004 – 2005) en la cual a los retratados no se les distingue el rostro. La individualidad, si es que esta es trascendente, se define por lo simbólico del entorno, la escenografía, o la circunstancia a la que se refiere. Beta y ….. y Leyenda (2012), son estudios formales, y semióticos.

Sarabia acude a signos llamativos y polisémicos, y siempre indaga en varios de sus niveles de asociación con el fin de diagramar más sugestivamente la circunstancia. Una y otra vez hace confluir lo histórico y lo mitológico, en metáforas y construcciones visuales que parten realidades a las que, en ocasiones, por no decir frecuentemente, no se le encuentra sentido. Esto marca una perspectiva muy personalizada, pienso que honesta, en su trabajo, el cual se ha desarrollado con cierta versatilidad.

Si bien sus obras ya se destacan por no parecerse demasiado a otras, en un mundo donde la fotografía es hegemónica, y en un contexto llamativo, ya tantas veces revisitado, releído y retratado por todos, hay algo fundamental que ratifica la autenticidad de este medio como expresión plástica contemporánea: el modo en que le sirve a Sarabia para expresar su necesidad por ver más allá de lo inmediato, por analizar y entender lo significante, aquello que genera tensión como condición para el equilibrio de la existencia; el modo en que le permite ubicarse en esa zona imperceptible y pródiga donde lo contradictorio y lo inmanente lo incitan a marcar el límite entre lo dual, entre la luz y las tinieblas.

 

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